Las truculentas aventuras de la despreciable Penélope de Santa María. Cachito 7

En el cachito anterior: Tengo dos despreciables hijas y un hijo al que adoro con locura.

CACHITO 7

Fue una mala época, muy mala época. En aquellos días descubrí el gran y horroroso secreto que me escondía Thomas. Su origen negro. Su abuelo paterno era un negro de los de negra noche que tocaba el saxo en un grupo de blues en New Orleans. Ese negro cautivó a la joven ranchera y heredera de uno de los mayores ranchos gringos, en la fiesta de Mardi Gras. Su collar de perlas, de rosa nacarado, calló de bruces contra el elegante y ladeado sombrero Borsalino del saxofonista mientras entonaba una melancólica melodía.
Ya supondrás que Thomas no heredó el color cenizo de su padre. La genética le honró con la suerte de la dominancia blanca y con una habilidad para eliminar pruebas del pasado verdaderamente extraordinario. Según explicó, su padre murió nada más nacer Thomas al ser envestido por un búfalo. Su madre destrozada, destruyó todas sus fotos para no recordar aquel fatídico día.
Un negro entre mis piernas y mis hijas para colmo mestizas. Divorcio fulminante y vuelta a la casa de mi infancia en l’Avinguda Tibidabo con el ánimo y el físico por los suelos. Pero ten muy claro que mi sed de venganza y la de todos los Santa María, no estaban precisamente por los suelos. El aborto no fue posible ni utilizando los importantes contactos de mi descompuesto padre. Aquí creo necesario hacer un inciso. Te habrá sorprendido que papá aceptara algo tan abominable como el aborto ¿cierto? Pero en su particular doctrina sitúa antes negarle la vida a un negrata que oponerse a un aborto. Y es que a su conocida doctrina “En casa no entrará nunca ni un rojo, ni un maricón” se le ha de añadir “ni un negro”.

Avance del cachito octavo: Un negro entre mis piernas y yo sin saberlo. Por suerte mi segunda hija nació de puro blanco. Disfruté de un fulminante y ventajosos divorcio y vi la luz al fondo del túnel donde llevaba meses prisionera.

 

Las truculentas aventuras de la despreciable Penélope de Santa María. Cachito 6

En el cachito anterior: Estudié en las mejores universidades. Y fue en esa época donde conocí a Thomas e hice amistad con importantes personalidades que aun hoy conservo como oro en paño.

CACHITO 6
Tengo dos hijas  a las que desprecio y  a un hijo al que adoro con locura. Actualmente mis dos hijas se encuentran en paradero desconocido, Se fugaron del internado para señoritas Le Rosey, en Gstaad, Suiza, donde las enviamos. Mi hijo varón, por el contrario, es la viva imagen de su tío Álvaro y un encanto. En estos momentos está pasando una temporada en el correccional de menores después de linchar a un compañero de clase y luego a su profesor de matemáticas.
Hace unos años mi vida cambio rotundamente y fue el inicio de una transformación. Diría yo que de una verdadera mutación evolutiva.
Mi cirujano se negó a intervenir una vez más sobre mi cuerpo, coincidiendo con mi segundo embarazo. Según él, no era posible quitar ni poner nada más en ese cuerpo mío sin riesgo de perder la vida. La cara era intocable. Los brazos y muslos ya no permitían eliminar más grasa. La cintura ya tenía el diámetro de la boca de un frasco de aceitunas. Hasta mis dedos ya eran unos perfectos dedos de muñeca de porcelana.
Esa noticio me dejó sin sentido de vida. No más operaciones en un cuerpo que en esos momentos estaba inflado de pies a cabeza por la pequeña Violeta que crecía sin mesura dentro de mi maravilloso y hasta hacía poco plano vientre. Ese embarazo acabaría con ese cuerpo moldeado a golpes de esfuerzo y dolor.

Avance del cachito séptimo: En aquellos días descubrí el terrible secreto que escondía Thomas y que hizo tambalear los férreos cimientos que sustentaban mi vida.

Las truculentas aventuras de la despreciable Penélope de Santa María. Cachito 5

En cachitos anteriores:  Me educaron en colegios rigurosamente privados y de élite donde te aseguran sales más rica de lo que entraste. Y os garantizo que es cierto.

CACHITO 5
El tiempo corrió y me pagaron una carrera universitaria de Marketing y Comercio Internacional en una prestigiosa universidad de EEUU, donde conocí la Hermandad de las White Lady, vinculada al Kukuxklán y con las que mantengo el contacto hoy en día. Y también conocí a Thomas, mi actual exmarido. Nos hemos casado tres veces y divorciado dos. Él también viene de una muy buena cuna. Cursó el doctorado en Relaciones Internacionales en Washington junto a Felipe de Borbón. Aun hoy conservo una íntima relación de amistad con él, Leticia y con Cristina e Iñaki, con quién los Santa María hemos coincidido en algún que otro negocio en Qatar. Parece que a Iñaki le interesaban mucho nuestras barretines de pura lana.
Thomas, hijo único, ha heredado toda la fortuna y las propiedades de sus padres. Cada año nos escapábamos juntos al rancho en Montana para renovar baterías y a controlar el negocio.
Después de mis primeros pinitos en la empresa de barretinas y gorros cordobeses, llevando el Departamento de Imagen y Comunicación, empecé a trabajar en una gran y conocida empresa de espectáculos como responsable de comunicaciones. Fui la creadora del boom publicitario de Daniel Vival.
Al nacer mi primera hija, dejé de trabajar y dediqué mi vida a la familia, los clubes sociales, a la Hermandad, a ejercitar mi mente y mi físico y a mis operaciones de estética, que me han aportado más de una satisfacción.

Avance del cachito sexto: Tengo dos despreciables hijas y un hijo al que adoro con locura.

Las truculentas aventuras de la despreciable Penélope de Santa María. Cachito 4

En el cachito anterior: Dicen que me parezco físicamente a mi dominante tatarabuela paterna. Álvaro es la viva estampa de mi padre y Marquito es, es…

CACHITO 4

En una ocasión se me ocurrió preguntar a papá por tal afición de los israelís y sauditas a las barretinas y a los gorros cordobeses. Me plantó una “bufa” en toda la cara y me dijo que a pensar en un buen marido y no en cosas de hombres. En eso ya pensaba yo, por supuesto. Pero me hubiera gustado saber que hacían con una barretina o con un gorro cordobés por aquellos lares. Supongo que protegerse del Sol.
Fui siempre a colegio privado de alto nivel, vestida con mis calcetines azul oscuro a juego con unas merceditas negras siempre bien lustradas por Mina, pichi de cuadros azul y lila que me arremangaba al salir de las clases, camisa de algodón blanco glaciar, pelo largo recogido en una cola de caballo. Me enseñaron cuatro idiomas, las buenas costumbres, algo de matemáticas, lengua, la Biblia completa y me dieron muchos contactos para usar de por vida. Dicen que del colegio  podías salir pendón o tonta. Será en los colegios de mediana y baja categoría. De mi escuela puedes salir pendón, tonta o más rica. En mi caso no salí nada tonta, algo pendón y mucho más rica de lo que entré.
Al salir de clase, me recogía mi chófer con el Jaguar. Los lunes, miércoles y viernes me dejaba en la Academia de danza y piano, donde cultivaba mis dotes artísticas y mis aptitudes de dama despótica y dominante. Los martes y los jueves tocaba reunión de arios. Ni imaginas la de personalidades que forman parte de esta elitista sociedad. Por cierto, es imposible encontrar la sede de esta sociedad, ni que  busques en el santo Google. Ya supondrás que su nombre no es Sociedad de Arios.

Avance del cachito quinto: Estudié en las mejores universidades. Y fue en esa época cunado conocí a Thomas e hice amistad con importantes personalidades que aun hoy conservo como oro en paño.

Las truculentas aventuras de la despreciable Penélope de Santa María. Cachito 3

En el cachito anterior: Pertenezco a una familia de alta alcurnia y carácter fuerte y dominante, salvo vergonzosas excepciones imposibles de eliminar.

CACHITO 3
No me parezco ni a mi padre ni a mi madre, aunque dicen que soy igualita a la tatarabuela por parte paterna que lucía pelo lacio y negro con ojos gris oscuro, talla media y un genio fuerte y dominante. Nunca vi una foto de ella pero si ellos lo dicen, será cierto, palabra de papuchis.
Fue ella la que junto con mi tatarabuelo, fundaron la fábrica de importación y exportación de barretines y gorros cordobeses “Seny i Tequeté”. Fusionaron el origen catalán de mi tatarabuela y el andaluz de mi tatarabuelo fabricando estas coloridas y tradicionales prendas. Y contra todo pronóstico, se hicieron ricos de la noche a la mañana.
Álvaro, por el contrario, es clavado a mi padre. Constitución atlética, ojos claros y pelo  de castaños rizos. Su carácter es autoritario y algo insoportable. Es por derecho el heredero del negocio.
Marcos es igualito a mi delgada y altísima mamá, piel blanca, ojos azules y pelo casi albino de tan claro. Su forma de ser diría que es cándida y sin substancia. Demasiado tierno y amable para mi gusto y para el gusto de papá y Alvarito. Tiene una mentalidad demasiado artística y liberal. Creo que el problema es que cumple con dos de los tres requisitos más intolerables de la doctrina particular de papá “En casa no entrará nunca ni un rojo, ni un maricón”. Parece que Marquitos se coló por la puerta grande y se saltó la santa doctrina.
Mi vida ha sido la habitual de mi clase. Cuidada por la nurse, viví mis primeros meses de vida alimentada por biberones y rodeada de tules de algodón bordado. Mamá no pudo darme el pecho por falta de leche en sus grandes y perfectos pechos a siliconados y por llevar una dieta totalmente basada en la alcachofa, que leyó que agriaba la leche. Mientras, papá se dedicaba a sustituir los cuentos de los tres cerditos o el gato con botas por los tratados comerciales conseguidos en sus largos viajes de negocios a Arabia Saudí y a Israel.  “Seny i Tequeté” parece era de un gran interés para el Oriente Medio.

Avance cachito cuarto: Me educaron en colegios rigurosamente privados y de élite donde te aseguran sales más rica de lo que entraste. Y te garantizo que es cierto.