Las truculentas aventuras de la despreciable Penélope de Santa María. Cachito 6

En el cachito anterior: Estudié en las mejores universidades. Y fue en esa época donde conocí a Thomas e hice amistad con importantes personalidades que aun hoy conservo como oro en paño.

CACHITO 6
Tengo dos hijas  a las que desprecio y  a un hijo al que adoro con locura. Actualmente mis dos hijas se encuentran en paradero desconocido, Se fugaron del internado para señoritas Le Rosey, en Gstaad, Suiza, donde las enviamos. Mi hijo varón, por el contrario, es la viva imagen de su tío Álvaro y un encanto. En estos momentos está pasando una temporada en el correccional de menores después de linchar a un compañero de clase y luego a su profesor de matemáticas.
Hace unos años mi vida cambio rotundamente y fue el inicio de una transformación. Diría yo que de una verdadera mutación evolutiva.
Mi cirujano se negó a intervenir una vez más sobre mi cuerpo, coincidiendo con mi segundo embarazo. Según él, no era posible quitar ni poner nada más en ese cuerpo mío sin riesgo de perder la vida. La cara era intocable. Los brazos y muslos ya no permitían eliminar más grasa. La cintura ya tenía el diámetro de la boca de un frasco de aceitunas. Hasta mis dedos ya eran unos perfectos dedos de muñeca de porcelana.
Esa noticio me dejó sin sentido de vida. No más operaciones en un cuerpo que en esos momentos estaba inflado de pies a cabeza por la pequeña Violeta que crecía sin mesura dentro de mi maravilloso y hasta hacía poco plano vientre. Ese embarazo acabaría con ese cuerpo moldeado a golpes de esfuerzo y dolor.

Avance del cachito séptimo: En aquellos días descubrí el terrible secreto que escondía Thomas y que hizo tambalear los férreos cimientos que sustentaban mi vida.

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